Poco defendible resultó ser la actuación de la Selección Argentina en el Mundial de Sudáfrica 2010 que, una vez más, demostró no estar a la altura del certamen en el momento de enfrentarse a un equipo potencia.

“Hambre de gloria”, esa es la frase que describe el desempeño argentino en continente africano. La derrota contra Alemania dejó en claro que: el tener al Balón de Oro del 2009 (Lionel Messi), a dos de los máximos goleadores de ligas europeas (Gonzalo Higuaín y Carlos Tevez) y al mediocampista que cotiza (según el Barcelona de España) 30 millones de euros (Javier Mascherano), no garantizan el bordado de la tercer estrella en la camiseta la Selección nacional.

El recibimiento multitudinario del pueblo para con el equipo argentino y Diego Maradona en Ezeiza, a pesar del nuevo cachetazo germano, demuestra el respaldo que tiene el plantel y la “idolatría” que genera el mito nacido en Villa Fiorita. Pero esos logros deportivos de los jugadores actuales y los del ex jugador, no ganan una Copa del Mundo.

Es momento de hacer cambios en cuanto a los encargados de defender la camiseta celeste y blanca, y formar un equipo que le permita saber al máximo ídolo del Barcelona, Lionel Messi, que no está solo de mitad de cancha para arriba, y que cuenta con jugadores, además de corajudos, habilidosos que pueden causar sorpresas además de él. La idea está, solo falta alguien capacitado que la lleve a cabo.

De igual manera es notable el “diez en motivación y arenga” que tiene Maradona en lo que respeta feeling y contacto día a día con los jugadores, pero seamos realistas: el máximo referente del fútbol mundial no tiene un doctorado en táctica, y mucho menos soportaría la idea de ser el segundo de un plantel (por debajo del entrenador) o el psicólogo del grupo (mas hallá de que ese título aún no lo tiene).

Si se queda o se va de la dirección técnica de la Selección Argentina, eso todavía no se sabe. No hay que olvidarse de que estamos hablando (y tratando) de Diego Armando Maradona.

Por Carlos Siffredi

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